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Diagnóstico

Una persona puede contagiarse con tuberculosis pero no presentar los síntomas de la enfermedad, ya que el cuerpo se defiende a través del sistema inmunológico, creando un granuloma, es decir, una barrera protectora contra la bacteria. Sólo el 10 por ciento de los casos de contagio de tuberculosis desembocan en enfermedad y hacen que los pacientes presenten los síntomas de ésta. Estos síntomas de la tuberculosis pueden tardar en presentarse, un periodo corto o largo.

Cuando los síntomas empiezan a hacerse presentes, significa que las bacterias de la tuberculosis están desencadenando la respuesta inmune del organismo. El médico debe valorar al paciente con tuberculosis.

El médico querrá conocer su historial, su forma de vida relacionada a la higiene, el hacinamiento y la nutrición. Querrá saber si ha estado expuesto a personas contagiadas de tuberculosis, ya sean colegas de trabajo o familiares, particularmente si vive con ellos. También deberá considerar algunos síntomas que da la tuberculosis, como:

  • Tos
  • Flema
  • Expectoraciones con sangre
  • Fatiga
  • Debilidad
  • Pérdida de peso sin causa aparente
  • Pérdida de apetito
  • Fiebre de hasta 38 grados
  • Escalofríos
  • Sudoraciones nocturnas

Es en esta etapa, cuando la prueba de tuberculina, la prueba cutánea positiva que indica exposición a la tuberculosis y la presencia de la bacteria en el organismo de manera activa, resulta positiva. A esta prueba también se le conoce como prueba de Mantoux.

Esta prueba se realiza de manera intradérmica en la parte anterior del brazo con un derivado del bacilo y si existe exposición y contagio de la tuberculosis, a las 72 horas se mostrará en el área donde fue aplicada.

En el caso de las embarazadas, esta prueba se realiza de manera sistemática y si resultara positiva a tuberculosis, se requiere realizar una radiografía del tórax.

Una de las pruebas más utilizadas es la baciloscopia seriada, que consiste en recabar 3 muestras de la flema que arroja el paciente cuando tose y se le procesa para observar al bacilo causante de la tuberculosis.

En ocasiones se realizan pruebas de líquido cefalorraquídeo, de los conductos respiratorios y del estómago de los niños cuyas madres resultaron positivas a la prueba de tuberculosis. Estos líquidos son examinados. También se usan radiografías de tórax, biopsias de hígado, de ganglios linfáticos, de los pulmones, o de la pleura (la membrana que rodea estos órganos), como medida confirmatoria de la tuberculosis.

Es necesario que todas las personas con tuberculosis reciban antibióticos como tratamiento para la enfermedad, ya que ésta, si no se atiende, puede llevar a la muerte.

Las mujeres embarazadas deben iniciar el tratamiento para la tuberculosis hasta el tercer trimestre del embarazo, ya que el riesgo de lesión hepática es mayor durante esta etapa, pero será el médico quien determine qué se debe hacer en cada caso.

Es muy probable que el paciente diagnosticado con tuberculosis sea aislado temporalmente durante algunas semanas del resto de la gente, para evitar que más personas resulten contagiadas con tuberculosis.

En ciertos casos es posible que se deba un cultivo de la flema del paciente, con la finalidad de evaluar la resistencia del mycobacterium, responsable de la mayoría de los casos de tuberculosis, a los antibióticos.

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